¿Conoces a Stephanie Jobs, la hermana de Steve Jobs, la que nunca fundó Apple?
Steve Jobs en Stanford. Gran discurso. Gran comunicador.
Antes de hablar más de la hipnosis conversacional, de la PNL y la Comunicación Eficaz, antes de hablaros incluso de Stephanie Jobs, quiero hablaros de su hermano, Steve. Suyo es un discurso de 2005 que pasa por ser uno de los mejores de nuestro tiempo, con permiso de Obama y de otros grandes oradores y, claro está, de sus enfervorecidos seguidores.
El discurso es el que que reproduzco a continuación, traducido de su inglés original. En él, Steve Jobs, fundador de Apple y de Pixar, se revela como un gran motivador. El culpable de que estadísticamente casi todos tengamos un iPod -y de que algunos tengamos más de uno para que las estadísticas sean las que son-, es un gran comunicador. Y ésas son dotes que, sin duda, uno puede adquirir y desarrollar con la ayuda de la hipnosis conversacional y de la PNL, como explicaremos más adelante.
Pero, antes de adentrarnos en esa materia, reproduzco el discurso que Steve Jobs pronunció en una ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford el 12 de junio de 2005. Léelo y disfrútalo (y si te preguntas por qué he cambiado el tipo de letra a Sans Serif, Steve te lo explicará mejor que yo).
Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford (12 de junio de 2005):
Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra graduación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.
La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.
Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?
Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.
Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.
No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.
Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.
Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.
Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.
Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Pixar, también fundada por Steve Jobs. ¡Cómo recauda!
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte.
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.
Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual: Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.
Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.
Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.
Muchísimas gracias a todos.
Y ahora la verdad: ¡Stephanie Jobs no existe!
Seguramente lo sabías. O quizá lo intuías después de leer este discurso. Stephanie Jobs no existe, nunca ha existido. Es cierto que Stephanie podría ser la hermana secreta de Steve Jobs. Podría, incluso, haber sido el alter ego del propio Steve si Dios, como sostienen algunos contra el parecer de Einstein, jugase a los dados y, en lugar de darle una vida y un sexo al fundador de Apple, le hubiese dado otra vida y otro sexo.
De haber sido así, Stephanie Jobs habría sido una mujer distinguida, una brillantísima estudiante, con un futuro laboral prometedor: apetecida por todas las empresas, jamás habría sido despedida de ninguna. Y, por si eso fuera poco y para colmo de todo ello, habría gozado de una salud envidiable. Ésa habría sido su vida y, aparentemente, no tendría motivo para la queja, ¿verdad? Pero no habría fundado Apple, ni Pixar y, sobre todo, no habría influido en millones de personas ni habría pronunciado este maravilloso y conmovedor discurso.
Y esto me sirve para introducir no un tercer presupuesto o presuposición de la Programación Neurolingüística o PNL, sino varios:
- Todo el mundo tiene los recursos que necesita.
-
Si alguien puede hacerlo, cualquiera puede aprender a hacerlo.
-
No existe el fracaso, sólo el “feedback” o la “retroalimentación”.
En la historia de Steve Jobs es evidente que él disponía de los recursos que necesitaba y que, ahí está la diferencia, quiso y pudo aprovecharlos. A otros las clases de caligrafía les habrán servido de poco. A Steve, por el contrario, le sirvieron de mucho. Y a los usuarios de la informática doméstica, también.
También es evidente, al echar un vistazo a su vida y unir los puntos, que si alguien puede hacer algo, los demás también pueden. Ésa es, al menos, la enseñanza de Steve y a eso es a lo que nos invita: a que pongamos los medios, a que trabajemos para conseguir nuestras metas…
¿He escrito metas? Sí, metas, que no sueños. ¿La diferencia? Una muy elemental y, sin embargo, muy desconocida para algunos: los sueños son poco concretos, no tienen fechas, no tienen números, no se sostienen sobre la tierra ni sobre nuestro esfuerzo. El sueño es decir “seré rico” y echarse a dormir en la esperanza, vana, de que algún día amanecerás millonario. ¿Y la meta? La meta es decir: “tal día de tal año habré ahorrado tanto y podré comprarme la casa que quiero para mi familia; para ello, ganaré ese dinero ejerciendo mi labor como profesional de tal ramo, tras haberme formado convenientemente y haber hecho esto y lo otro”.
¿Has advertido la diferencia? Pues a eso nos invita Steve Jobs: a alcanzar nuestras metas. Él lo hizo y, como sostiene esa presuposición de la PNL, tú también puedes. Con la ayuda de hipnosisconversacional.com, por ejemplo. Aquí te ayudaremos a afrontar la vida de otro modo y a ser un mejor comunicador. Si Steve Jobs puede, tú también puedes, ¿verdad?
No existe el fracaso, sólo el “feedback” o la retroalimentación.
Éste es el presupuesto o presuposición de la PNL en el que me quiero detener hoy aprovechando el discurso del CEO de Apple: “¡No existe el fracaso!” E imagino que algunos se sonríen o siguen leyendo con cierto escepticismo e incluso piensan: “¿Entonces cómo llamarías a esto que me ha ocurrido?”. Y yo insisto, como insiste la PNL y como insistía el propio Steve Jobs en otras palabras: “¡No existe el fracaso!”.
Ahora es cuando me toca explicarme, para lo cual acudiré a la vida de Steve:
Fue dado en adopción, después de que el acuerdo para tal fin estuviese a punto de frustrarse. Fue un mal estudiante, quizá porque no hincó suficientemente los codos -porque listo es un rato, ¿eh?. Fue despedido de su propia empresa -no de otra propiedad de un tío con puro, bigote y un millón de acciones, sino de la suya propia. Fue diagnosticado de un cáncer terminal y poco menos que desahuciado -aunque sólo fuese por algunas horas. ¿Acaso eso no es “fracasar” repetidamente? ¿No es eso una colección de estrepitosos “fracasos”? Yo diría que sí… De no ser porque el protagonista viene a decir que: ¡NO!
Al final, Steve fue adoptado por una pareja de clase media, a pesar de no ser una mujer. Aunque mal estudiante, aprendió cosas en la Universidad y en la vida -incluida la caligrafía- a las que supo sacar el debido provecho. Lo despidieron de su propia empresa, es cierto, pero fundó otras dos y regresó triunfante, para hacer de Apple un referente universal, un icono, la encarnación de un cierto estilo de vida. Y, aunque tuvo que someterse a tratamiento médico, superó el cáncer que lo aquejaba y se reafirmó, por ese motivo, en su positiva actitud vital. ¿Es eso “fracasar”? Vale, lo sé, eso no son fracasos, sino triunfos ante la adversidad. La pregunta era retórica…
Así pues, los fracasos no existen como tales. Es cierto que hay contratiempos, momentos en los que todo se viene abajo,… Pero aun entonces, no hemos fracasado. Para fracasar, como decía Milton H. Erickson, padre de la hipnosis médica y de la hipnosis conversacional, es necesario darse un límite de tiempo. Si dices “mañana habré adelgazado 5 kilos”, es muy probable que fracases -o eso u hoy sudas mucho. Pero si dices: “voy a adelgazar 5 kilos” es más que probable que lo consigas, si no en un mes, en seis o en doce. Pero puedes conseguirlo, si pones los medios…
Edison encontró el filamento. Tú has encontrado hipnosisconversacional.com
Por tanto, hay que ver en los fracasos una oportunidad, una lección aprendida… Thomas Edison, el célebre inventor, ensayó cientos de filamentos distintos antes de dar con el apropiado para la bombilla -uno de tantos inventos suyos. Y cuando le preguntaron, afirmó que “no he fracasado, he encontrado 10.000 maneras que no funcionarán”. No es de extrañar que, con esa actitud positiva y perseverante, consiguiese tanto en una sola vida.
Suya, de Edison, es también una cita final, con la que concluyo este post: “Muchos de los fracasos de esta vida son de hombres que no se percataron lo cerca que estaban del éxito cuando se rindieron”.
Hasta el próximo post -que espero sea más breve-, sigue luchando, sigue hambriento, sigue “alocado”. Y ten presente que, toda vez que el fracaso no existe, el triunfo -con o sin hipnosis conversacional- está más cerca.
***
P.S.- El discurso en YouTube, subtitulado en español:
Discurso de Steve Jobs (Apple, Pixar) en Stanford.
P.P.S.: El discurso escrito, en su versión original, en el sitio web de la Stanford University:
http://news-service.stanford.edu/news/2005/june15/jobs-061505

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{ 4 comments… read them below or add one }
Los españoles tenemos mucho miedo al ridículo, al fracaso y al qué diran…y eso nos resta oportunidades. No sé si es cuestión de genética, raza , educación pero sería bueno cambiar esta actitud.
En efecto, Beatrice, estoy contigo en que muchas veces tenemos miedo al ridículo, al fracaso, al qué dirán… Muchas veces vivimos pendientes de los demás y eso es, indudablemente, muy limitador. Desde luego, Steve Jobs lo habría tenido difícil si se hubiese dejado vencer por esos miedos o si pusiese sus miras en complacer a los demás. No lo hizo y ¡ahí está!
Quiero pensar que lo nuestro (lo de los españoles) es una cuestión cultural o educativa y que, por tanto, es susceptible de cambio. Quizá no sea fácil transformar ese modo de ser, pero eso no quiere decir que no sea posible.
Ante el miedo, un posible remedio es una pregunta mágica: el “what if…?” de los americanos, que podríamos traducir por “¿y qué pasaría si…?”. Si tememos algo preguntémonos qué ocurriría, que podríamos lograr, si ese temor se desvaneciera, siquiera por un instante. La respuesta es, en no pocas ocasiones, la mejor manera de exorcizar esos temores.
Me gusta eso que apuntas al final de tu comentario, Beatrice: “esta actitud”. De ella me ocupo en el post que he publicado hoy, subrayando su importancia. Ya lo decía Steve Jobs, ¿no?: “Stay hungry! Stay foolish!” Pues eso…
Me uno a la apreciacion de Beatrice; pero deseo recalcar algo que me parece mas profundo.. Ese miedo al fracaso, al ridiculo y al que diran, no es mas que los golpes que “EL EGO” se niega a reconocer. Ah… y no solamente a los Españoles les sucede, eso es un mal general, en muchos otros paises hay gente que igualmente y de manera inconciente (digo yo…) NOS dejamos manejar por el EGO.
Otra frase que viene a mi mente con tus comentarios de este blogg, pablo; “NUNCA EL FRACASO, PUEDE SER EL RESULTADO DE UN ESFUERZO NATURAL”. Recuerdas de quien es esta frase???
Hasta la vista amigo.
Juan Carlos Rubio Vega.
Estoy contigo, Juan Carlos, en que el ego es un mal consejero y no pocas veces es el que nos conduce al fracaso, el mismo fracaso al que tememos. Y que eso, para bien o para mal, no es un hecho diferencial de los españoles, sino algo más generalizado.
La frase que citas es, si no recuerdo mal, de Og Mandino. Y me atrevería -me atrevo- a decir que posiblemente de su libro “El Vendedor Más Grande del Mundo”. Corrígeme si me equivoco…
Por cierto, un libro interesante, con muchas perlas… Una fábula sobre el éxito y su conquista. Lo leí hace muchos años y aún lo conservo en mi biblioteca.
Hasta la vista,
Pablo V.